Como fucking mierda colocar todo con palabras ¿cómo hacerlo en medio de teléfonos sonando y cabezas enchufadas con auriculares? Quizás el hecho de hacerlo real, palpable, capaz de aprehenderse a través de los ojos y la lectura le saca todo lo que tiene de supraterrenal. Pero entonces como no sentir que se escapa sin poderlo plasmar en el papel, ¿dónde van las experiencias que con ansias intento ganar? ¿Dónde se guardan? O será simplemente que con que suceda es suficiente, no es necesario registrar cada escena como si la vida fuera la escritura de un libro, uno autobiográfico por supuesto. Será solamente que el simple acto, corrijo, el complejo acto de abrir la mente es parte del proceso, de la transicion, del camino hacia el universal concreto, dialectico, adulto y niño casi al mismo tiempo.
Igualmente debo al menos intentarlo, convertirlo en páginas de una novela, por esa voz que me llama a creer que mi máxima expresión está en escribir. Y acá la primer pregunta ¿por dónde empezar?
I
¿Coincidencia o atracción de energías habernos encontrado? ¿Casualidad o percepción haber empezado a hablar?
Que 40 minutos sean horas, que en horas te diga todo lo que pienso como una estampida. Que la estampida me pase por arriba a mi y no a vos, que quede al descubierto ante tus ojos, que mis ojos esten cerrados pero mirando hacia el interior, que en el interior lo único que importa es uno mismo, que yo sea la unica capaz de lastimarme, que me lastime lo pendejo de pensar en cada hombre la posibilidad de un comienzo.
Que paradojicamente al terminar de escribir estas palabras me de cuenta que comenzar pueden comenzar muchas cosas no solo una pareja, que en este viaje vos fuiste mi comienzo y eso no tiene nada de pendejo.
II
Es la coincidencia, la excesiva cantidad de casualidades que hace que dejen de merecer ese nombre. Es la sensación, sí, la sensación, nada más y nada menos real que eso, de que todo encaja en su perfecto lugar. Sin explicación lógica ni motivo aparante: una zapatilla al costado de la cama, un despertador sonando, la bicicleta en el medio de la avenida. No hay razón, es la certeza de que todo está pasando como debe y la satisfacción de que sea así.